Por Kairo. exe La lluvia ácida caía como si el cielo quisiera borrar lo poco que quedaba de la ciudad. Allá arriba, en las torres del régimen, la élite dormía segura bajo cúpulas selladas. Aquí abajo, entre los túneles corroídos por el tiempo y el abandono, aún latía un lugar que se negaba a morir: La Última Línea . No tenía letrero, ni dirección. Solo llegabas si alguien te guiaba. La puerta era un panel oxidado detrás de una máquina expendedora sin alma. Tocaban tres veces, pausaban, y luego dos más. Si se abría, eras bienvenido. Si no, ya estabas muerto. Adentro, el aire olía a ozono y mentiras. Las luces de neón apenas rompían la oscuridad, y el humo azul de los filtros pulmonares flotaba como niebla entre cuerpos remendados con acero. Algunos clientes bebían en silencio. Otros apostaban partes de su cuerpo en mesas de circuito. Todos vigilaban las pantallas flotantes que transmitían las noticias del régimen, no por información, sino por saber cuánto tiempo les quedaba. El...